A prisa,
sin ninguna pausa,
tronco a tronco,
piedra a piedra,
gota a gota,
mientras la necesidad surgía;
la necesidad de agua pura,
la necesidad de cruzar,
la necesidad de cierta energía y cierto calor,
la necedad de necesitar cosas innecesarias,
la necedad de insistir.
Metro a metro
de la copa a la falda se bajó todo lo que había,
todo lo que producía,
todo lo que costaba
y todo lo que se podía costear.
Y ahora,
que no hay montaña,
ni agua,
ni tronco,
ni piedra...
no queda más que empezar a sembrar...