El dashboard del home me introduce a la nueva entrada que redacto, que lees. En pausa la película que me arrebata el silencio y me inspira y me hace llegar a ti, que lees. Nuevas pestañas que empuja hasta mi escritorio la tan criticada tecnología para poder estar en todo y para no estar en nada, para poder escapar a lo físico y perderse en las adorables olas de Internet.
No siempre quise ponerle un nombre, ni una forma física que limite la posibilidad de encontrármela entre las plazas que no visito o los centros comerciales donde no busco más que las boleterías de cine y los cajeros automáticos y las puertas y los asientos y las pantallas y los baños y, de vez en cuando, las vitrinas.
Nunca me ha parecido tan enfermo entrar al baño de las damas en algún lugar con poca seguridad, no ya para algún acto de perversión sexual ni para desviar simbólicamente mi orientación, sino para criticar, es bueno, de vez en cuando, hacer énfasis en la crítica actuada, en hechos que puedan ser vistos, y quizás con cierta sensibilidad, ser entendidos; ¿qué importan las diferencias sexuales? ¿cuál es el morbo que se quiere evitar al separar las 'facilidades', y los gustos del maquillaje y el emperifolle? pues me parece ridículo y punto, que esto poco trata de mi de forma tan directa.
Sin lugar a duda es distinta, y paso a explicar; no busca tener una crítica determinada ni mucho menos, como la mía sobre sobre los asuntos filosóficos y las cuestiones políticas y sociales más allá de la podredumbre general que es imposible no advertir, sin embargo es decididamente crítica ante todo esto y su opinión no es ningún regalo de caja de conflé, no llegó en un libro de Coelho y no es tampoco la identidad de un personaje histórico, es tan suyo como lo sería su nombre.
De vez en cuando no he podido evitar dibujarla delgada, sin que se pronuncien sus senos o sus nalgas de modo que parecieran a la trayectoria de la carretera que va hacia el norte de mi cuidad su silueta. Sin ser delicada ha sido sutil, pudiendo correr y pudiendo caminar en puntillas. Sus manos son suaves y firmes. Es sin recodo tan sencilla que puede dejarse llevar por el viento cerrando los ojos y recitando una oda a la madre tierra, tan profunda que no puedes evitar sentir que te ahogas, al mirarla fijamente, entre tanta intriga.
Sin que eso la limite en lo más mínimo, conoce muy bien el capricho de la interdependencia y la complicidad de caminar separados entre la multitud.
Será amiga de mis amigos, ha de serlo. Su psicología se deja envolver en un juego casi macabro con mi manipulación, y juega conmigo, me hace cambiar de parecer y me confunde. Puede responder por mi, y yo puedo responder por ella, porque me conoce, porque sabe cómo pienso por distinto que sea su pensar.
Somos distintos, pero hay cierta sutileza que nos une, ella se aprehendió a mi y yo aprendí a amar.
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