miércoles

Ensalza el pudor y calla, maltrata con represión las ganas de sentir en su piel tu cara. Perdona las desgracias del protocolo y ten en cuenta que es peor estar solo. No vayas a decir nada, tener su amistad vale más que un beso cada mañana, no la asustes con tu miedo a proseguir, no le crees la costumbre de querer alejarse de ti.

No hagas que se apiade, acepta el dolor, y deja que ella entienda por intuición que se despega la piel por represión; que es la costumbre la dueña de su pensar, que es su pesar aquello de que no puede amar.

Entiende que tiene separar, nunca pudo mezclar la carne con la lealtad. Permitele estabilidad, que quizás un amor maldito es el yang.



Corazón, queda tranquila, ya se está bajando la efervescencia de tu amor y cuando te veo estoy más calmado y me entretengo más tiempo en asuntos ajenos a nuestra relación.

viernes

Amiga

Es, sin dudar, el honor de saber estar ahí, saber decir las palabras que necesitan ser escuchadas, el caminar que me hala y me empuja a correr, el grito que me hace saltar y el pudor que estalla sobre el suelo un impulso de beso y placer.

Amiga, es sin reparo verme quitarte el sostén y besarte los dedos y cada centímetro de piel en un juego que se deja llamar «shhh». Que el temor es a la muerte, y a los desdichados que en un grito desesperado de la justificada envidia correrían sin dolor a no dejarnos vivir. Que no haya necesidad de cuidado porque ya todo estará hablado, que no haya dolor, que sea como ese sueño que nunca contamos.

Decir amiga es, sobretodo, el orgullo de saber que por mi estarás ahí.
Como el dinero encaja cada ilusión misionera en el cuento del deber cumplido sin pena, como que nada más importa que el fin —¿Qué medio? Métete tu medio por en medio y déjame aquí medio triste y medio contento a lo que me entero del vacío que produce tener vacío el recuerdo— no hay más que echarse a morir en una fábrica de algún narcótico, sonriendo.

Yo tardaré el tiempo que me tome diciendo, y gritando, y en secreto, susurrando que la brújula es la seña de la que no se puede estar mucho tiempo distraído ni atraído, hasta que lo logre entender; hasta que me deje ser un poquito más flexible con mis pasos y un poquito más tacaño con el miedo.
Quiero perderme en tus labios,
besarte despacio
que no quede tiempo de improvisar atajos
a satisfacer caprichos
que no haya desperdicios
ni miedo, ni angustia, ni sueños.

Quiero besarte hasta olvidar mi identidad,
hasta olvidar que soy algo fuera de este beso,
hasta olvidar que existo;
que puedas darme todo lo que quiero
sin la más mínima queja,
sin esperar más de mi
que la correspondencia.

No vayas a buscar en mi
aquello que es tu costumbre,
procura mostrarme a cada paso el camino
y lo que me corresponde.

No soy el vestido aquel
que te aprieta demasiado;
No soy el pasado
del que te has cansado.

No te vayas a dormir.