Como la ropa interior desgastada que no usas,
o el cepillo de dientes vencido,
malgastas esperanzas en el camino
por sueños vagos, vaguísimos,
que sabes, terminarán muertos de frío.
No somos desperdicio de un ángel, no somos basura podrida,
ni el intento fallido del hijo traidor de un egoísta.
A veces susurro a mi futuro las cosas que quiero que sepa.
Invertir en futuro es el miedo, el dinero no existe.
Ojalá que estudiar me haga feliz, no más sabio,
ojalá y tu sonrisa ilumine mi sol y mis tardes nubladas;
pero mientras: rascarme con poemas donde la piel arda.
Perdona el furor de mi huida,
perdona que la juventud me caiga encima
y que no sepa qué hacer con mis años,
que siga siendo el mismo niño de antaño
que juguetee contigo mientras me besas
que te hable del polvo de hadas mientras me acaricias
y que te quiera abrazar al dormir.
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