No quiero acercarme un día
con la cara de idiota de siempre
y preguntarte si eres feliz,
no quisiera saber eso.
No quiero saber que haces,
ni qué has sido, ni qué has dejado de ser.
No quiero cuestionarte tus caprichos
ni tus miedos, no quiero, no pretendo
y no lo voy a hacer; no puedo.
Estás desperdiciando tus mejores años,
estás sacrificando tu libertad,
te estás perdiendo todo lo que te puedo dar,
sin embargo, yo también; no tengo derecho a hablar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario