miércoles

El hombre tonto removió las montañas.

A prisa,
sin ninguna pausa,
tronco a tronco,
piedra a piedra,
gota a gota,
mientras la necesidad surgía;
la necesidad de agua pura,
la necesidad de cruzar,
la necesidad de cierta energía y cierto calor,
la necedad de necesitar cosas innecesarias,
la necedad de insistir.

Metro a metro
de la copa a la falda se bajó todo lo que había,
todo lo que producía,
todo lo que costaba
y todo lo que se podía costear.

Y ahora,
que no hay montaña,
ni agua,
ni tronco,
ni piedra...
no queda más que empezar a sembrar...

1 comentario:

Jorge A. dijo...

Muy bueno, me gustó mucho.