Es, sin dudar, el honor de saber estar ahí, saber decir las palabras que necesitan ser escuchadas, el caminar que me hala y me empuja a correr, el grito que me hace saltar y el pudor que estalla sobre el suelo un impulso de beso y placer.
Amiga, es sin reparo verme quitarte el sostén y besarte los dedos y cada centímetro de piel en un juego que se deja llamar «shhh». Que el temor es a la muerte, y a los desdichados que en un grito desesperado de la justificada envidia correrían sin dolor a no dejarnos vivir. Que no haya necesidad de cuidado porque ya todo estará hablado, que no haya dolor, que sea como ese sueño que nunca contamos.
Decir amiga es, sobretodo, el orgullo de saber que por mi estarás ahí.
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