No escogí yo el dejarme vencer por tu seguridad.
Tú has tenido el honor del terrible lujo de la independencia
caminar rendida a tu desobediencia,
mitigar cada deseo en su respectivo placer
y llenar cada vacío de la piel.
Has sido tú quien se fue.
Quizás haría falta superar la estética para entender la ética de tu maldito andar.
Quizás haya necesidad de asesinar cada latir que tu recuerdo incendia en mi palpitar,
quizás no quedaría más que perdonar tu alevosía
porque quizás, si osas volver, te adoraría, no faltaría más.
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